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Música de las reducciones jesuíticas en Sudamérica

El “Santo Experimento” visto desde el ángulo musical

 

El 5 de abril de 1717 salen del puerto de Cádiz tres barcos, a bordo de uno de ellos un hombre pequeño “de mediana estatura y con dos manchas hepáticas en la mejilla izquierda”. Poco antes le habían ofrecido un puesto como músico titular en Sevilla, pero lo rechazó para seguir su vocación. Junto con otros 53 hombres, todos –como él– miembros de la Orden de los Jesuitas, partió. Estamos hablando de Domenico Zipoli, conocido aquí en Europa principalmente por su “Sonate d’Intavolatura per Organo e Cembalo” de 1716 y una sonata para violín en La mayor. Durante su estancia en Roma, unos seis años antes, había sido “una especie de compositor residente” de la Orden de Santa Cecilia, para la que compuso varias vísperas y oratorios. Sus obras vocales de Europa ahora se consideran perdidas.


Córdoba, Argentina © Ulrike Schuckert


Tres meses después el grupo llega al Río de la Plata en lo que hoy es Argentina, donde desembarcan los hermanos jesuitas. De ninguna manera fueron estos 54 misioneros los primeros en pisar el continente sudamericano; Los jesuitas ya habían estado activos en el “Nuevo Mundo” desde el siglo XVI, particularmente como predicadores itinerantes. En las primeras décadas del siglo XVII las primeras reducciones(1) se fundaron en lo que hoy es Brasil, donde los jesuitas reunieron a la población indígena, así “protegida” hasta cierto punto de ser capturada por otros.


En este contexto hay que decir que la misión cristiana en América del Sur –como en cualquier otra región del mundo– ha dejado huellas e imágenes de personas de las que nadie puede estar orgulloso. Los efectos de las reducciones pueden verse de maneras muy diferentes. Se han afrontado en parte el alcance y las consecuencias de la misión, la colonización y la supresión, un proceso que continúa hasta el día de hoy, pero es un tema que no debe discutirse en el marco de este ensayo. Definitivamente no es la intención del autor glorificar los (supuestos) “logros” de las reducciones y de la misión cristiana en general. Más bien, el objetivo es identificar la música que surgió en las reducciones y esbozar la historia de sus efectos.

Ceiling of the main nave of the Cathedral of Córdoba, Argentina © Isabelle Métrope

Domenico Zipoli y sus colegas permanecieron en Buenos Aires durante algunas semanas y luego, en carros de bueyes, partieron hacia el interior del país. Luego de más de 700 kilómetros (google maps dice que, a pie, el viaje duraría unas 160 horas) el grupo llegó a la que hoy es la capital de la provincia, Córdoba. Hoy el pueblo lleva el sobrenombre de “La educada” o “La docta”, sin duda porque los jesuitas fundaron primero el “Colégio Máximo” y, en 1613, la primera universidad argentina que aún existe como “Universidad Nacional de Córdoba”.


Luego de su llegada a Córdoba Zipoli estudió en estas dos instituciones durante al menos cuatro años, al mismo tiempo que se desempeñaba como organista y maestro de música en la iglesia de los Jesuitas de Córdoba. De esta época proceden varias misas y numerosos salmos para las vísperas de los sábados por la noche. Las composiciones son generalmente para 3-4 voces (SAT o SATB), uno o dos instrumentos obbligato y bajo continuo. Las partes del coro son generalmente homofónicas, y las misas incluyen algunos pasajes imitativos y polifónicos. La mayoría de los escenarios de los salmos necesitan solistas, a veces sólo una soprano, a veces varios solistas.


El lenguaje musical coincide con la función litúrgica. Aunque Zipoli era considerado en Europa un compositor hábil y virtuoso, las piezas que sobreviven de las reducciones (no sólo las obras de Zipoli) tienen una textura bastante sencilla. Se puede suponer que esta música no sólo formaba parte de los servicios religiosos, sino que también perseguía objetivos educativos, y que la demostración de un alto nivel de técnica compositiva tenía una importancia secundaria. Sin embargo a las piezas no les falta cierta elegancia. En su sencillez tienen una gran expresividad y un estado de ánimo básico de lo más alegre los impregna de una manera que rara vez se encontraría en Europa. En este contexto sobre Pater Schmid, que reaparecerá más adelante en este texto:

“Desde un punto de vista estético y unilateralmente europeo, la obra de Schmid puede parecer débil. Pero coincide notablemente con la función que pretendía cumplir y refleja el ideal utópico de una comunidad cristiana libre de conflictos, que inspiró a muchos misioneros jesuitas”(2).

Como medio de proclamación y rasgo característico de los servicios religiosos cristianos, la música tenía una importancia extrema dentro del concepto de las reducciones jesuitas. No sólo la composición de piezas litúrgicas, sino también la construcción de instrumentos musicales y la educación musical formaban parte de la vida cotidiana en las reducciones. En sus cartas de regreso a Suiza, Pater Martin Schmid SJ describe la vida cotidiana en las reducciones de Chiquitos en lo que hoy es Bolivia:

“Además de todas estas cosas ya dichas, mis superiores me han mandado hacer otras cosas también, a saber, que introduzca la música en estas misiones, también haga órganos e instrumentos, para que estos indios con su música también alaben a su Dios y Señor. Así que inmediatamente comencé a instruir a los niños pequeños de los indios, que después de todo saben leer, en el arte del canto y, además, he construido una serie de instrumentos musicales, aunque yo nunca aprendí a hacerlo mientras estuve en Europa, o incluso me engañé a mí mismo que lo había hecho. [ … ] Para todo tipo de personas [¿tribus? - traductor] tienen su órgano: tienen muchos violines y contrabajos de madera de cedro […] Entonces todos estos muchachitos indios son excelentes músicos, que cada día en las Santas Misas, con sus cantos e instrumentos musicales, entregan a nuestro Dios Altísimo las gracias y alabanzas que se le deben. Y puedo decir que con su música serían capaces de aparecer en cualquier pueblo e iglesia y causar un gran asombro. [ … ]”(3) [nota del traductor: el original está en alemán suizo de 300 años de antigüedad; está representado aquí en español actual]

En los últimos 30 años, parte de la música de las reducciones ya ha llegado a Europa, en gran parte a través de contactos personales en América del Sur. Hasta ahora los editores europeos han publicado poco o nada. Una gran parte de la divulgación de las obras de Chiquitos y Moxos se debe a Piotr Nawrot SJ quien, en el marco de su tesis doctoral, investigó manuscritos y copias de las reducciones y los editó para hacerlos accesibles. Es difícil conseguir estas partituras, muchas de ellas están descatalogadas o han sido publicadas en tiradas muy pequeñas por pequeñas editoriales que con demasiada frecuencia pasan desapercibidas para los directores de coro. Queda la esperanza de que algún editor europeo se haga cargo de estas piezas. Cuando la pandemia de Covid estaba en su apogeo, para muchos eventos ofrecían una buena manera de hacer música hermosa en poco tiempo y con un número pequeño y variable a disposición.


Cuando era escolar, Nikolai Ott pasó un año en Argentina, donde entró en contacto con la tradición musical barroca sudamericana. Desde 2019 es músico religioso en la región de Tubinga y participa activamente en la Asociación Coral de Suabia. También es miembro de la junta directiva de la Sociedad de Historia de la Música constituida en el Estado federado de Baden-Württemberg. mail@nikolai-ott.de


(1) Las reducciones jesuíticas son un término técnico para designar a los pueblos construidos en América del Sur entre los siglos XVI y XVIII para el bien común de la población local –con ecos de los kibutzim actuales en Israel– y al mismo tiempo como protección contra las tropas coloniales que estaban ansiosas por capturar a los lugareños y venderlos como esclavos. Puede encontrar más información sobre este fascinante tema en https://armstronghistoryjournal.wordpress.com/2022/05/07/jesuits-in-the-new-world-a-contrast-in-conversion-of-north-and-south-america/ [adenda hecha por los editores]. 

(2) Waisman, Leonardo: “Ich bin Missionar, weil ich singe, spiele und tanze”.  Martin Schmidt als Musiker.  In: Kühne, Eckart: Martin Schmidt 1694-1772.  Missionar - Musiker - Architekt.  Ein Jesuit aus der Schweiz bei den Chiquitano-Indianern in Bolivien.  Luzern, 1994, p 60. 

(3) Fischer, Rainald: P. Martin Schmid SJ 1694-1772.  Seine Briefe und sein Wirken.  Zug, 1988. p 103 f.


Traducido por Vania Romero, Venezuela


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